lunes, 16 de abril de 2018

Mimizuku to yoru no ou Epílogo





Al igual que cuando visitó el bosque por primera vez, la oscuridad de éste susurraba y el viento soplaba.

Mimizuku que no había estado allí desde hacía tiempo pensó que había algo extraño y supo, enseguida, lo que era. Era lo que sentía al pisar el suelo pues llevaba zapatos. No estaba del todo segura si era normal llevarlos.

“¿Qué hago con los zapatos? No los necesito…” Suspiró. Supuso que era ella quién decidía lo que era normal para ella. “¡Cuánto he echado de menos esto!” Aspirando el aire alrededor del bello verdor, Mimizuku estrechó los brazos. Sin importar lo mucho que moviese las muñecas o los tobillos, no hacían ningún ruido. No es como si le disgustase su ruido. “¡Por fin siento que estoy en casa! ¿Tú no?” Dijo Mimizuku volviéndose a Fukurou.

Quería decírle muchas cosas. Que sentía mucho que le quemasen el dibujo, que le estaba muy agradecida por habérselo enseñado, que era un idiota por haberle borrado la memoria… Sin embargo, decidió que ya habían pasado demasiadas cosas aquella noche y que se lo diría al día siguiente.

Al día siguiente.

Estaba feliz de que hubiese un día al que esperar con ansías.

“¿De verdad consideras esto tu hogar?” Lo primero que Fukurou le dijo fue algo como esto. Mimizuku inclinó el cuello ante sus palabras pero entonces, sonrió.

“Claro. Es donde quería volver, ¿no?” Se acercó a él y le miró. Los ojos de él se volvieron plateados. El cielo también se estaba volviendo blanco por el anochecer. “Si Fukurou quisiera vivir en ese país, con Andy y el resto, entonces allí es donde yo querría estar. Pero tú no quieres vivir allí, ¿verdad? ¡Iré donde tú vayas! ¡Siempre, siempre estaremos juntos!” Dijo Mimizuku.

“¿Lo entiendes?”

“¿Eh? ¿Entender qué?”

Fukurou dejó escapar un pequeño suspiro.

“El significado de tus palabras. ¿Lo entiendes? No importa cuánto vivas, no durarás más que yo. Morirás y me abandonarás.”

“Sí, eso es verdad, supongo.” Mimizuku asintió sonriéndo. Entendía la diferencia entre sus esperanzas de vida. Sabía que no podían estar juntos toda la eternidad, pero aún así… “Aún así, siempre estaré a tu lado.” Dijo Mimizuku con simpatía. “No te obligaré a comerme, pero.. Si dejas que me haga vieja no estaré tan buena. Pero si me muero, entonces, volveré a la tierra.” Mimizuku miró los preciosos ojos de Fukurou. “Si alguna vez me muero, volveré a la tierra de este bosque. Me convertiré en barro y entonces en una flor y siempre floreceré a tu lado… Siempre, siempre estaremos juntos. ” Juró entre susurros.

Fukurou mantuvó su mirada en silencio durante un largo tiempo.

“Haz lo que quieras.” Dijo, simplemente, en voz baja. Con sólo esas palabras, Mimizuku estaba feliz.

Pues eran favoritismos. Por fin entendió lo que le había dicho Kuro.

Finalmente, Fukurou se paró y se sentó en las raíces de un árbol gigantesco para descansar sus enormes alas.

“¿Mmm…? ¿Qué haces, Fukurou?”

“Voy a dormir un poco.”

“¡¿D-Dormir?! Y-Yo también…” Decidió Mimizuku rodando hasta el lado de Fukurou. Se hizo pequeña como ya había hecho hacía mucho tiempo, pero las alas de Fukurou hicieron de cojines para ella y así, pudo dormir con la misma comodidad que en la cama de palacio.

Mimizuku estaba muy cansada y cayó dormida en cuánto se tumbó. No le importaba si se desperaba. Si lo hacía, hablaría con Fukurou sobre construir una nueva mansión y pintar más. Y después llamaría a Kuro y así todos serían felices. Mientras pensaba en ello se acercó más y más al mundo de los sueños.

Justo cuando estaba apunto de dormirse del todo, sintió como las alas de Fukurou la arropaban como un futón. Era increíblemente feliz.

“Quizás todo es un sueño.” pensó Mimizuku.

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