domingo, 10 de junio de 2018

Shuumatsu Nani Shitemasu ka? Isogashii desu ka? Sukutte Moratte Ii desu ka? vol4 cap4.4



Himno a la Madre Patria

Cuarto de Observaciones de la Facultad de Tratamiento Público de Gomag.

[Oh, sí, ¿Has escuchado de los rumores acerca de la canción?] Un doctor usando una desgastada bata blanca lo pregunto mientras él barajeaba una mano de cartas. [Escuché algo de una voz. Se siente nostálgica… nostálgica en esa forma. El sentimiento que tienes cuando escuchas una vieja canción por primera vez en un tiempo.]

[Entonces algunos la tararean. Probablemente fue algo así.] Otro doctor lo dijo mientras lanzaba una carta en la mesa. [Personalmente, no me gustan esos rumores de fantasmas cerca de los pacientes. Incluso si no despiertan, siguen vivos. Un ‘tanque’]

[No es tanto para tratar. Dos ‘caballeros’.]

[Eso significa que solo es cosa de tiempo. Un ‘aristócrata’ y un ‘sirviente’.]

Las cartas se apilaban en la mesa. Uno de los doctores respiro con el ceño fruncido y lanzo una moneda.

[¿Crees que se recuperen? Los pacientes.]

[Lo dudo. Hay algo extraño en ellos. Usualmente, las personas en coma muestran grandes rasgos de deterioro y sus cuerpos se enmugrecen, pero estos pacientes no exhiben algunos de esos síntomas en lo absoluto.]

Uno de ellos pronto se dio cuenta. [¿…No los aventureros estaban patrullando hace nada?]

Una gran seguridad se había colocado en el edificio anticipando algún ataque de un grupo peligroso. Los aventureros patrullaban las áreas en turnos y revisaban el cuarto de observaciones cada 30 minutos. Los doctores vieron el reloj. Casi una hora había pasado desde que se aparecieron.

[¿Quién sabe? Quizás les dio diarrea o algo. Como sea, sigamos jugando.]

[No, si tuvieran diarrea, crees que al menos habrían venido por algunas medicinas.]

[Como sea, solo reparte las cartas. Necesito vengarme.]

El doctor, quien medio se paró de su silla, se sentó otra vez con un suspiro.

Mientras tanto, un grupo de aventureros, incluyendo a una cierta mujer en armadura roja, yacían en el suelo afuera en un camino oscuro, sin que les topara la luna y las linternas. Ninguno de ellos mostraba un solo rasguño, aunque ninguno de ellos retenía algo de consciencia.

Por el mismo tiempo, un grupo de hombres, todos vestidos en batas negras las cuales no se notaban en la noche, silenciosamente se infiltraron al hospital.

Espera. Sin hacer ruido, uno de los invasores le hizo señales a sus compañeros usando movimientos de labios y de manos. Había alguien escondido.

¿Por qué piensan eso?

Escuche una canción.

El hombre lo escucho cuidadosamente.

Lo escuche. Pero, no creo que sea un obstáculo para nuestra misión.

Estoy de acuerdo. No tenemos mucho tiempo. A darnos prisa.

El hombre que primero se detuvo pensó un poco, luego asistió ligeramente.

Se adentraron en la oscuridad, abrieron la puerta del cuarto de pacientes, entraron, caminaron a una cama en particular, y confirmaron la cara del hombre medio dormido.

No cabe duda. Este es el objetivo, Odle N Gracis.

El hombre sacó una bolsa negra y la extendió. Solo uno de ellos levanto al paciente y estaba cerca de llenar la bosa con él—

Odle abrió sus ojos.

[¿Eh?] Una sorpresiva voz salió del hombre que lo llevaba.

Con un gran golpe, el cuerpo de Odle cayó al suelo.

¿¡Qué estás haciendo!?

Sintiendo la situación de emergencia, los otros hombres entraron a una estancia cuidadosa. Ante sus ojos, su compañero que llevaba el cuerpo de Odle ahora yacía colapsado en el suelo. Un camino de oscuro liquido rojo chorreaba de su cuerpo. El olor a acero empezó a llenar el cuarto.

Odle se paró. Él vio directo al hombre con ojos asesinos. Luego, su boca empezó a abrirse lo más posible, él empezó a proyectar una voz inaudible.

¿Él… está cantando?

El cuerpo de Odle se mecía de adelante y atrás mientras su boca seguía moviéndose.

Esos inesperados eventos no fueron suficientes para atolondrar a los intrusos. Tenían una misión que necesitaban hacer silenciosamente, y solo un pequeño sonido se mezcló en ello, pero nadie en el hospital parecía haberse dado cuenta. Incluso si su objetivo mostraba resistencia, su trabajo seguiría igual. Quizás necesitaban ser algo duros, pero solo eso.

Sin embargo.

Ellos lo vieron.

Esa extraña vista que de pronto parecía haber cubierto todo su campo de visión

Esa planicie cenicienta.

Falto de humanos, falto de pueblos y ciudades, un mundo en el cual solo el sol y la luna circulaban en todas partes, dando nacimiento a un ciclo interminable de día y noche.

En esa extraña y desconocida escena, por alguna razón, el hombre sintió una poderosa nostalgia. Un inexplicable, y abrumador sentido de nostalgia patriota pasaba por ellos y tensó sus corazones.

[Qué…]

En medio de la confusión, se dieron cuenta: no se podían mover. Ellos perdieron la voluntad de incluso mover sus lenguas, y no se diga de sus brazos y piernas.

No solo ya no podían acercarse lentamente a Odle, sino que ya ni siquiera podían esquivar para defenderse solos. Ni siquiera gritaron del miedo.

Odle continúo cantando en esa voz la cual no se registraba como un sonido.

Luego, uno tras otro, los intrusos colapsaron en el suelo con un golpazo.

Líneas de un oscuro rojo chorreaba de sus cuerpos, manchando el limpio cuarto de hospital.

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